Hoy mi corazón se llena de tristeza al despedir a mi querida Nini.
Todos la conocíamos simplemente como Nini. Compartimos juntos toda la secundaria, una etapa llena de risas, ocurrencias, sueños y amistades que el tiempo nunca logra borrar.
Si hay algo que siempre recordaré de ella era su manera de ser: coqueta, elegante, femenina hasta el último detalle. Mientras la mayoría de nosotros llegábamos despeinados, con el uniforme hecho un desastre y sin preocuparnos por la apariencia, Nini siempre lucía impecable. Era imposible verla sin ese toque de distinción que la caracterizaba y que hacía sonreír a quienes la conocíamos.
Pero más allá de su presencia, quedará el recuerdo de una amiga que forma parte de una de las etapas más hermosas de mi vida. Hoy no solo despedimos a una compañera de escuela; despedimos un pedacito de nuestra juventud, de aquellos años que jamás volverán y que ella ayudó a hacer inolvidables.
Le pido a Dios que la reciba en su infinita misericordia y le conceda el descanso eterno. Que su alma encuentre la paz y la alegría que no tienen fin.
A su familia y a todos los que la amaron les envío un abrazo lleno de cariño y mi oración. Que el Señor les conceda fortaleza y consuelo en este momento tan difícil.
Descansa en paz, querida Nini. Gracias por los recuerdos, por tu amistad y por permanecer para siempre en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de compartir contigo aquellos inolvidables años de secundaria.
“La muerte termina una vida, pero nunca una amistad ni los recuerdos que nacen del corazón.”
Eterno descanso concédele, Señor, y brille para ella la luz perpetua. Descanse en paz. Amén.
Tu amigo Hilian Hernandez y Lisandra Hernández.